miércoles, abril 04, 2007

Mi viejo, mi propia versión

Parado en una frontera, en ese extraño y largo momento entre la despedida y la bienvenida, al amanecer, cuando no hay luz ni tampoco es de noche.

Empiezo una carta a mi hijo, y lo que empiezo es una carta a mi padre. Lugar confuso, el de la despedida. Miro un espejo, estrecho una mano con mi mano ya robusta, me estremezco en un abrazo extraño. Con tanto que no podrá ser dicho y tanto que desearía escuchar y no podrá ser sonido.

Me gustaría contarte – voy a tener un hijo. Estoy seguro que no fallaría, te sentirías orgulloso.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sí, seguro, no fallaría, se sentiría orgulloso...
Seguro, también, te diría todo lo que no tenés que hacer ahora que tenés un hijo... :)
Además, le hubiera pintado una sillita.
Y bueno, acordate, que tu hijo se entere cuando sos feliz.

Evaristo A. Carriego dijo...

Gracias, muy acertado comentario...anónimo?